Mentiras

Te quiero, mas no te creo…

Ni una sola de las palabras

que salen de tu boca son verdad,

ninguna sola lleva en sí sentimientos.

Ni tan siquiera son ecos sordos

De creaciones dementes, ni beldad

Que al Alba cantar sin remordimientos.

.

Te quiero, mas no te creo…

Ni una sola de tus miradas

han sido ni serán verdad,

Ni tan sólo la primera que me diste

Aquella noche de ventanas cerradas

Y candados del corazón: no viste

El triste cartel de no pasar…

.

Te quiero, mas no te creo…

Ni uno sólo de tus abrazos

Llevó calor a mi corazón,

Ni tan siquiera comprendiste el celo

que en mis labios se denostaba a trazos

crueles de sinrazón, sórdida canción,

veleros que al viento mueren…

.

Te quiero, mas ya no te creo…

Mi cuerpo desnudo yace sin creerte,

sin ya esperar nada del tuyo añorado.

Muriendo el calor de mis labios

en la más completa nada; ni verte

mis ojos ya desean por no ser lacerados

más en este trágico sainete

De la locura lasciva de tus cambios.

.

Te quiero, pero ya no te creo…

Ya no espero tus amargos besos

que me saben a la hiel de la mañana,

ya no espero tus tiránicas caricias

que me arrancan la piel a tiras,.

Ya no deseo que tus arrogantes labios

me quemen más la piel….

Mis ojos lloran sangre ficticia

Por ese amor tuyo tan falso:

Te quiero… no te creo… sólo muero

Cárcel material

       Los días transcurren en cámara rápida ante mis ojos. Mi consciencia hace saltos en el tiempo mientras mi voluntad está perdida. Sólo alcanzo a ver el pasado acumulándose delante de mi, más rápido de lo que puedo mover mis ojos, más rápido de lo que logro apreciar el presente. Las cadenas fantasmas que aprisionan mis libres brazos son tan fijas como insensibles. Es la insensibilidad lo que me mantiene entumecida, paralizada en una misma posición hasta el día siguiente, cuando puedo ver lo que no he hecho. Pobre de mí, un cuerpo reducido de su potencial con una mente limitada a una celda blanca que me rodea. Soy un prisionero corrompido de la nada, un antónimo de la autonomía y la experiencia.

       Pero incluso así logro escapar día tras día, con una camisa de fuerza imaginaria. Puedo escuchar la amoralidad, no es un ruido, mucho menos un silencio. Es una armonía incompleta, una pieza faltante de la crueldad que alguna vez tuve y la bondad que hoy alimenta mi alma. Hoy soy un muerto corrupto de la insensibilidad, que quiere volver a la vida mañana como un ser corroído por la indiferencia.

Escucha

Escucha mi corazón que está llorando,

pues todo a mi alrededor está acabado.

El mundo está matando

sus corazones, sus razones.

Escucha mi corazón y el tuyo

y dime que no está llorando,

que no está gritando.

Todo mi pecho creo, dejó de latir

de llorar, de sentir.

Dime que no ha muerto,

que está durmiendo

dime que aun lo puedes oír

latiendo dentro de mi.

Adiós

Anoche sentí frío,

era frío de olvido,

olvido de amor y caricias,

caricias que se olvidan y besos,

besos que si se buscan saben amargo,

amargo el desamor y la rabia,

rabia de perder,

perder nuestras horas y días,

días de amor y entregas infinitas,

infinito el dolor,

dolor que aplasta el alma,

alma de quien entrega su esencia,

esencia de amor perfecto,

perfecto tu adiós.

Mírame

A la deriva

sobre el mar de la ignorancia

existe un vértigo

que empuja mis lamentos

en busca de la noche

y de tus ojos.


Inmóvil en la zozobra

busco un corazón que

soliviante el mío

que me suicide por las esquinas

que me dibuje en garabatos

y que le pueda decir

que me hunda en las tinieblas.


Busco ese hombro

-que es tu hombro-

donde lo sobrenatural

sea la delicadeza

de tu confianza.


Mírame y dime

que soy la aberración de tus sueños

la burusa negra

que dejarías en tus manos,

aunque mi voz

en silencio grave

te diga que en el amor

soy la piel que habitas.